letraescrita

Público y notorio.

1 Enero, 2008 · Dejar un comentario

He de reconocer que recibí la aparición del diario Público con esperanza e ilusión (algo, por otra parte, normal en mí ante la llegada de cualquier publicación nueva  a los kioskos). Nunca me creí eso de que iba a restarles lectores a El País, pero tenía mucha curiosidad por ver como era un periódico nacido en plena locura informativa y con un uso de internet ya implantado en la sociedad. La primera impresión no fue buena. Me recordaba en demasía a los gratuitos. Y transmitía una sensación permanente de improvisación. De haber salido antes de hora.

Hoy, casi 100 números después, pienso lo mismo.  Nunca fuí seguidor del blog de su director Ignacio Escolar. Me parecía que en esa bitácora, generalmente, el mérito era de las personas a las que él linkaba. Sin embargo, el prestigio del recopilador (El Mundo en uno de esos rankings que tanto gusta hacer le colocó entre las personas más influyentes de España a nivel de información) aumentaba cada día. A pesar de ello, cuando se confirmó su nombramiento me sentí optimista. El apego de Escolar hacia la red me hacía creer que Público sería un periódico dinámico, ágil, fresco, moderno, con un tratamiento especializado de determinadas materias. Mi primera decepción fue comprobar cómo un campo como el de la televisión (El País y El Mundo no han tardado en darse cuenta, sobre todo en sus ediciones digitales) apenas tenía repercusión en el diario cuando podría ser una buena fuente de ingreso de lectores jóvenes.

A medida que pasaban los días, dedicaba menos tiempo a la lectura de Público. Su maquetación, el partidismo de barra de bar de alguno de sus colaboradores (lo de Manuel Saco provoca en ocasiones cierta vergüenza ajena), la nadería como contenido de muchas columnas (Espido Freire, Alberto Olmos, Bob Pop), los esfuerzos ridículos e infantiles por mostrar su lado progresista (no puedo borrar la referencia en portada a la carrera empresarial de la hija de Aznar), el picoteo científico-cultural (que parece sacado de la revista Mía) o la parcialidad futbolística me acabaron de apartar del periódico. Y me daba pena, porque siempre he sentido mucho respeto por su subdirector, Jesús Maraña.

El lunes volví a encontrarme con el diario. La sola idea de estar un día sin prensa, me hizo aprovisionarme de varias cabeceras. Entre ellas, Público. Y comprobé que todo sigue igual. Que confunden desenfado con falta de seriedad (titular que el viudo y el hijo de Benazir Bhutto asumen el liderazgo del PPP con un “Todo queda en familia” no sólo me parece de muy mal gusto, sino de una irresponsabilidad informativa muy grave) y modernidad con amateurismo ( calificar la entrevista a Joaquín Reyes como “reportajico” o utilizar en la redacción del texto expresiones propias del universo chanante es más propio de fanzines y revistas de instituto que de un periódico serio). Tal vez deban sentarse y hacer algo de autocrítica. De esa manera, puede que no sea tarde, y se den cuenta que muchos de los comportamientos que gustan de criticar se suceden todos los días en sus páginas.

No será esta la última vez que hable sobre Público. En breve sabréis porqué.

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Presentación.

1 Enero, 2008 · Dejar un comentario

No sé porque razón, pero para mí ir al kiosko es casi un ritual. Con la misma ilusión que el que sube al altar a casarse o que el que espera el fin de semana para practicar su hobby preferido, cuando entro en uno de esos establecimientos, se me dispara la bilirrubina. No tengo ojos suficientes para ver todo lo que allí hay. Y las preguntas insidiosas de los propietarios menoscaban mi placer. Por eso, prefiero los kioskos grandes y surtidos donde puedo esconderme y pasar inadvertido. Revisar estanterias buscando nuevos números o descubrir publicaciones recién llegadas me divierte. Cuando viajo me preocupo por indagar en el producto local. Cuando me entero de la salida de una nueva revista, cuento los dias que quedan para tenerla en mis manos. No importa la temática ni el precio (bueno, esto sí, a veces) ¿Por qué? No lo sé.

La misma sensación la experimento ahora con los blogs. Me recuerdan mi pasado fanzinero, cuando con más ilusión que medios, se lanzaba uno a contar todo aquello que le apasionaba y quería compartir. Cierto es que algunos bloggers pecan de exhibicionismo y amor propio. Pero ¿no ocurre lo mismo con algunos columnistas o directores de medios?.

El caso es que soy un adicto a la letra impresa, un letroimpreso y a partir de ahora de eso os hablaré en esta nueva ventana que abro al exterior. Opiniones, noticias, reseñas, entrevistas,… muchos propósitos y todos muy buenos.

Espero que me leais y participeis en los comentarios. Os espero.

pd.- Ni que decir que si tienes un blog o publicas una revista o periódico estaré encantado de conocerla.

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