letraescrita

Blogs. Presente y futuro (III): Juan Pablo Palimp.

15 Enero, 2008 · 2 comentarios

Su blog, cuchitril literario (subtitulado como reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos), es una invitación permanente a la lectura. Coincidas o no con sus gustos, es absolutamente imposible abstraerse de su acertada prosa y la pasión que desprende. Me encanta leerle porque es el claro ejemplo del enamorado de los libros, ajeno a las novedades o el lucimiento, y pendiente (y obsesionado como buen pasional) por leer y conocer cuantas más historias mejor.

Yo pregunto: ¿Cómo valoras la situación bloguera en España? ¿Crees que tienen alguna influencia en la sociedad o sigue siendo una aventura amateur que se retroalimenta a su vez de otros bloguers?

Él responde: “Creo que la blogosfera ha empezado a hacerse oir, pero sólo en algunos ámbitos. En el sector tecnológico las empresas tienen en cuenta las opiniones de los bloggers y estos mueven a una gran cantidad de seguidores.

En el terreno literario, aunque en muchas ocasiones las bitácoras son más profesionales e informativas que los medios tradicionales, creo que su influencia es pequeña. Ni editoriales ni escritores -salvo escasas excepciones- tienen en cuenta a la blogosfera. No sé si esto irá
cambiando, pero de momento creo que sigue siendo una aventura de amateurs letraheridos con ilusión… y no me importaría que la cosa
siga así”.

Totalmente de acuerdo.

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Mala pasada.

15 Enero, 2008 · 4 comentarios

Las páginas centrales del ABC del domingo recogían la nueva promoción que va a distribuir el diario madrileño. Se trata de Libros de la Escuela de entonces. Copio textual: “Una cuidada selección de joyas históricas de nuestra enseñanza (…) que te llevarán de nuevo a revivir tu infancia”.

La publicidad de la misma recogía un titular al que pueden darse diversas lecturas:

“Revive aquellos maravillosos años con los Libros de la Escuela de entonces”.

¿Maravillosos años? Pobreza, persecución, torturas, falta de libertad, … ¿maravillosos años? ¿Para quién?

Está claro que los “maravillosos años” a los que se refiere el titular apuntan al corazoncito de los que entonces fueron niños y pueden recordar aquellas fechas como felices. Me parece muy superficial creer que por ser niño uno vive al margen de las desgracias que sufre su país. Aquellos fueron años grises, oscuros, tristes, llenos de miseria,… Muchos niños (revisar Paracuellos de Carlos Giménez sin ir más lejos) sufrían en sus carnes la enseñanza de este país.

Hubiera sido más exacto (y más respetuoso) haber apelado al recuerdo para vender estos libros, antes que a la presunta felicidad de aquella época.

Y aún hay quién niega la necesidad de la Ley de Memoria Histórica.

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