Público y notorio.

He de reconocer que recibí la aparición del diario Público con esperanza e ilusión (algo, por otra parte, normal en mí ante la llegada de cualquier publicación nueva  a los kioskos). Nunca me creí eso de que iba a restarles lectores a El País, pero tenía mucha curiosidad por ver como era un periódico nacido en plena locura informativa y con un uso de internet ya implantado en la sociedad. La primera impresión no fue buena. Me recordaba en demasía a los gratuitos. Y transmitía una sensación permanente de improvisación. De haber salido antes de hora.

Hoy, casi 100 números después, pienso lo mismo.  Nunca fuí seguidor del blog de su director Ignacio Escolar. Me parecía que en esa bitácora, generalmente, el mérito era de las personas a las que él linkaba. Sin embargo, el prestigio del recopilador (El Mundo en uno de esos rankings que tanto gusta hacer le colocó entre las personas más influyentes de España a nivel de información) aumentaba cada día. A pesar de ello, cuando se confirmó su nombramiento me sentí optimista. El apego de Escolar hacia la red me hacía creer que Público sería un periódico dinámico, ágil, fresco, moderno, con un tratamiento especializado de determinadas materias. Mi primera decepción fue comprobar cómo un campo como el de la televisión (El País y El Mundo no han tardado en darse cuenta, sobre todo en sus ediciones digitales) apenas tenía repercusión en el diario cuando podría ser una buena fuente de ingreso de lectores jóvenes.

A medida que pasaban los días, dedicaba menos tiempo a la lectura de Público. Su maquetación, el partidismo de barra de bar de alguno de sus colaboradores (lo de Manuel Saco provoca en ocasiones cierta vergüenza ajena), la nadería como contenido de muchas columnas (Espido Freire, Alberto Olmos, Bob Pop), los esfuerzos ridículos e infantiles por mostrar su lado progresista (no puedo borrar la referencia en portada a la carrera empresarial de la hija de Aznar), el picoteo científico-cultural (que parece sacado de la revista Mía) o la parcialidad futbolística me acabaron de apartar del periódico. Y me daba pena, porque siempre he sentido mucho respeto por su subdirector, Jesús Maraña.

El lunes volví a encontrarme con el diario. La sola idea de estar un día sin prensa, me hizo aprovisionarme de varias cabeceras. Entre ellas, Público. Y comprobé que todo sigue igual. Que confunden desenfado con falta de seriedad (titular que el viudo y el hijo de Benazir Bhutto asumen el liderazgo del PPP con un “Todo queda en familia” no sólo me parece de muy mal gusto, sino de una irresponsabilidad informativa muy grave) y modernidad con amateurismo ( calificar la entrevista a Joaquín Reyes como “reportajico” o utilizar en la redacción del texto expresiones propias del universo chanante es más propio de fanzines y revistas de instituto que de un periódico serio). Tal vez deban sentarse y hacer algo de autocrítica. De esa manera, puede que no sea tarde, y se den cuenta que muchos de los comportamientos que gustan de criticar se suceden todos los días en sus páginas.

No será esta la última vez que hable sobre Público. En breve sabréis porqué.

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Una respuesta a “Público y notorio.

  1. Al fin se llega a la ruina total capitalista financiera como bien saben los estados tanto democraticos como dictadores ,la sociedad esta tan avispada y con tanta informacion que ya no cuelan las milongas comunitarias como medio de superacion el ser humano va camino de la propia autoridad independiente y familiar solo falta una gota para desbordar las maquinarias especulativas financieras ,dinero para ellos solo es un medio de presion dictatorial y esclavizador de las masas y su reparto nunca ha sido equitativo,brotan aires de competicion voluntaria para establecer medios practicos de aprovechamiento de valores y medios cubriendo las mayores satisfaciones humanas ganando la virtud de vivir en armonia explotando las neuronas del placer de llevar una vida digna y cualificada

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