Columnismo en crisis.

Seré sincero y conciso: me aburren el 90 % de los columnistas españoles. Y estoy siendo generoso. Creo que este género periodístico está atravesando una crisis tan aguda que puede acabar alejando a los lectores de los medios de comunicación. Supuran tal desgana, que sus opiniones acaban siendo simples cumplimientos de contrato.

Actualmente podemos diferenciar entre el columnista gracioso, aquel que basa toda su supuesta argumentación en chascarrillos, curiosidades manipuladas, gracias de colegio y una buena dosis del típico “te he pillado”. Abundan entre la derecha mediática, pero no son exclusivos de ella. También tenemos al columnista previsible, aquel que pone la directa y lanza sus exabruptos siempre contra los mismos objetivos. Ni siquiera se molestan en documentarse y tamizar su escrito con una contextualización político-histórico. ¿Para qué? Recurren a su propia experiencia o a medias verdades. Y lo peor, uno puede adivinar su opinión sin haberlos leído. No hay que olvidar al columnista nadador porque eso es lo que aporta: nada. Puede ser una colaboración breve o de varios párrafos, pero no cuenta absolutamente nada. Unas cuantas generalizaciones y unas ocurrencias que él cree brillantes sirven para rellenar el espacio asignado. Luego está el columnista narrador. Éste se limita a contar unos hechos sin dar su opinión ni nada. Tal vez no sea consciente que seguramente ese trabajo ya lo habrá hecho en otra página otro periodista y por bastante menos dinero que él. Otro es el columnista corporativista indescifrable, excepto para el colega periodista al que van dedicadas las puyas e indirectas. Y podría seguir (de hecho, estoy preparando un post más extenso sobre las vergüenzas y desvergüenzas del columnismo actual en la prensa española), pero todos los caminos conducirían al mismo destino: no aportan nada. Ni reflexiones originales, ni puntos de vista madurados, ni temas no tratados, …

Por eso, cuando tropiezo con algo interesante escrito, lamento que esa voz no tenga una plataforma en la que seguir poder expresando sus opiniones. Por ejemplo, en el blog A pie de aula, de la profesora Lourdes Domenech, hay un post dedicado a unas reuniones con las madres de los alumnos, y en él, se recoge una nota manuscrita de una de ellas que no pudo asistir. La transcribo textualmente:

“No me acuerdo de en qué momento empecé a tener consciencia de lo que significaba leer. Leer no es única y exclusivamente coger un libro y acabarlo. La lectura es algo más. La lectura siempre tiene que ser pausada y tranquila sabiendo en cada momento todo aquello que lees, aquello que entiendes en tu interior. Puedes leer periódicos, novelas de amor… no importa. Lo que sea que leas, hazlo queriendo.
Si tenéis la capacidad de leer, tened la seguridad de que sabréis escuchar a los demás. El silencio de la lectura es una guía para el día a día. María Blanco”.

Me parece una de las reflexiones más bonitas y acertadas de lo que significa leer. Y lo ha escrito una persona que no se gana la vida con las columnas de opinión. Tal vez, ahora que está de moda eso (tan horrible) del periodismo-ciudadano, ha llegado el momento de que alcance también a los columnistas.

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